
Con esta realidad en mente, para mí se volvió casi imposible evitar el consumo de azúcar. Alimentos procesados, harinas, pan, embutidos—todo, absolutamente todo, lleva azúcar añadido. Esto alimenta a las Candida, que piden azúcar constantemente, y mi momento más crítico solía ser a media mañana. Intenté resistir el impulso de comer algo, pero el cansancio era tan extremo que apenas podía moverme.
La candidiasis intestinal no es un problema menor; provoca irritabilidad, fatiga extrema, dolor en las articulaciones y músculos, migrañas, malas digestiones, diarrea y problemas de piel, entre otros síntomas. En mi caso, el hongo se asentó en las mucosas y en la piel, causando descamaciones diarias, rojeces y problemas respiratorios.
Un Cambio de Vida
Mi vida dio un giro inesperado tras un accidente de tráfico. Aquel día, mi destino pudo haber tomado cualquier dirección, pero tuve la suerte de salir adelante, aunque con secuelas permanentes. La hospitalización, que duró meses, y la posterior recuperación, me llevaron dos años en total, tiempo en el que tuve que aceptar que ya no sería el mismo de antes.
Fue entonces cuando decidí, de una vez por todas, cambiar mi alimentación. Con el apoyo de mi pareja, que tiene formación en nutrición, y mi experiencia en psicoterapia y terapias alternativas durante ocho años, comencé a transformar mis hábitos alimenticios.
La Macrobiótica
Años después, las secuelas del accidente me obligaron a reducir mi ritmo de vida. Me di cuenta de que necesitaba llevar una vida más pausada, en lugar de seguir corriendo como si alguien me persiguiera todo el tiempo. Fue entonces cuando me sumergí en el estudio de la alimentación macrobiótica.
¿Por qué la macrobiótica? Para mí, esta forma de alimentación es un retorno a la armonía con la naturaleza, un reencuentro con sus ritmos, ciclos y regalos. Es algo que, en mi opinión, la humanidad ha olvidado desde hace mucho tiempo.
Lo que comenzó como un proyecto personal de crecimiento se ha convertido en un desafío profesional. Ahora imparto charlas, talleres de cocina y consultas, ayudando a otros a mejorar su vida a través de la alimentación.
Desenganche del Azúcar
Mi proceso de desenganche del azúcar ha sido largo, durando unos ocho años. Decidí no tomar ningún tipo de medicación y opté por "matar de hambre" a la Candida. Deshacerse de la adicción al azúcar, según he leído, puede tomar desde meses hasta un año, durante el cual es necesario evitar completamente el azúcar. Invito a cualquiera a intentar pasar una sola semana sin consumir alimentos procesados, bebidas gaseosas, alcohol, levaduras o dulces; resulta casi imposible.
Por eso, decidí que mi proceso sería lento y gradual. Con la macrobiótica, logré finalmente vencer a la Candida. Ahora, a punto de completar mi formación en macrobiótica de tres años, puedo decir que disfruto de un dulce solo cuando realmente me apetece, sin que me afecte, y lo hago por el placer de hacerlo.
La glucosa es esencial para el desarrollo de nuestro cerebro, pero el problema radica en cómo la industria alimentaria ha explotado este hecho. Han utilizado azúcar refinado para abaratar costos, conservar alimentos y mejorar su sabor, sin preocuparse por la salud de las personas, solo por mantenerlas enganchadas al azúcar para seguir obteniendo beneficios, a costa de crear enfermedades a través de una alimentación vacía de nutrientes.
Hoy tengo claro que la industria del azúcar nunca más volverá a atraparme.
